Sunday, April 13, 2008

Mancha

Me persiguió con terquedad hasta acorralarme - tengo un vívido recuerdo del momento y de la pared - Se colocó delante de mí, me rodeó con sus brazos, uno a cada lado de mi cuerpo, a modo de una jaula de la que nunca hubiese querido huir, me miró fijamente a los ojos, cabal conocedora del temblor y del brillo, y disfrazándose de mujer se acercó hasta una proximidad inusitada para pronunciar su sentencia:
“Mancha”.
Reía.
Quiso confesarme algo, pero se nos escurrió el tiempo.
Trece años ella, doce años yo.

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