Insiste, la gente, con esa metódica pregunta.
El otro día, deambulando por el barrio, me despierta un grito desde el andamio:
- Cuídese hombre, que escupe la tolva.
E interrumpen mi marcha durante el estruendo.
- Aproveche la pausa pa’contarme eso del fractal.
A estos señores, que no desperdician instante para instruirse en matemáticas, suelo responder: “un vientre de luciérnaga. Un cóctel de cosquillas, eso es.”
- ¿En el ombligo?
- A veces.
- Mire usted.
Luego me entero por un vecino que una mujer me buscaba desde aquella vez en que, para sacármela de encima, le afirmé que un fractal era un paso dado al revés.
Perturbadísima, anduvo averiguando con un doctor amigo suyo que refrendó su teoría:
- Sepa señor - dijo temblequeando - que no hay pasos dados al revés, que incluso los que van hacia atrás, son pasos hacia adelante. Mal que le pese.
Qué optimismo abominable.