Artesana del Barro II
Meses, días, horas que no te oía cantar.
Elegí anoche, por azar, después de las doce.
¿Qué día es hoy, Soledad?
Tu voz hace polvo la necia convicción del agnóstico.
Meses, días, horas que no te oía cantar.
Elegí anoche, por azar, después de las doce.
¿Qué día es hoy, Soledad?
Tu voz hace polvo la necia convicción del agnóstico.
Todo era muy sencillo hasta allí, tiempo aún de oír las cosas que reverberan, de ver lo que se invierte en la pupila.
Pero desprecié la última imagen que me obsequiaban dentro del poco espacio que todavía queda para las imágenes finales y acabó la época de bonanza sensorial.
Luego no fue lo mismo aproximarse a nada que estuviese muerto, como un hueco, o vivo, como un retazo de jalea.
La gente me pregunta a menudo, “¿Qué es un fractal?”.
De ocasión, en la calle. Por ejemplo ayer, sobre avenida Santa Fe:
- Disculpe señor, ¿podría decirme la hora?
- Claro.
- ¿Y de paso, explicarme de qué se trata un fractal?
A esa gente que gusta de interrumpir el tránsito frenético para mezclar fractales con agujas les digo: “un paso dado al revés. Eso es.”
Porque, de hecho, es verdad.
O al cabo del zigzag hacia la caja del Banco Francés que hace esquina con Bonpland:
- ¿Cobra el cheque o lo deposita?
- Cobro.
- Debe endosarlo, entonces.
- Ah, por supuesto, me olvidé.
- No se preocupe. Mientras lo hace, ¿podría darme detalles sobre las características más relevantes de un fractal?
- Mirá… dejame tutearte ¿sí?, yo sé que estás dentro de tu horario, pero somos demasiado jóvenes.
A esta gente que me distrae mientras escribo, más no sea mi propio nombre sobre un papel verde, suelo evadirla con vaguedades como “manchas lívidas. Pero en la persistencia de otro. Y sólo luego de una llovizna diagonal”.
- ¿Como la del sábado pasado?
- Mmm… no lo sé. No me levanto temprano los sábados. Y esta clase de precipitaciones ocurren por la mañana.
- Ya veo.