Alquimia II
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Ocho treinta, el arrebato del cuerpo.
Digo que también nosotros accedemos, en idénticas circunstancias, a cuerpos ajenos sin tener ganas. Y entonces tocamos, nos tocan. Cuando el cuerpo se transforma en una especie de cosa que cargamos, como un bolso o una cartera; una cáscara. El reencuentro habrá de tener lugar en la exploración. El hacedor será un dedo del otro, de aquél al que sí permitimos el acceso y que surca el monte y traza una espiral en el ombligo. Y vierte una laguna detrás de la oreja, y habla un secreto de aire tibio salido de la nariz y estremece el costado, se pierde en el cuello, abrasa.