Azulejos por cuatro
Equilibrio
Un mosquito cruza la oscuridad con insistencia y puntería. Lo sé por la alarma siseante que delata su vaivén. La persiana, hacia la jungla. La cortina, bailotea. Una tía traspasa la puerta entre furtiva y dispersa, y deja un plato con exequias de una torta sobre la repisa. No suelo dormir mucho la primer noche en un lugar distinto.
Sikus
El aire es eso curioso que nos hincha de vida, que apenas si se deja ver cuando se apodera de un puño de polvo o toma cautiva una hoja en el límite del abismo. Que al pasear por sobre una cabeza, despeina; y por un tubo, canta.

Espirales
Suelo ir hacia esos rincones un poco penumbrosos, cubiertos de polvillo, inexplorados. Aunque también me gusta cuando se atreven a lanzarse al conteo sin excusa. Y dicen, sin permiso: “me gusta enervar el lomo de una gota con el dedo índice” o tan solamente “prefiero el café sin azúcar”.
Sin embargo, el convite sigue siendo penetrante.
Hoy un fragmento. Hagamos de cuenta que cerramos los ojos (o podemos cerrar los ojos sin hacer de cuenta) y el bosque nos rodea.










